Atención Tsunami

Atención Tsunami surgieron en 2008 de las cenizas juveniles de healthcontrol (Estacalma, Estoescasa 2007), cuando sus cinco integrantes decidieron abandonar algunas de las premisas del primer proyecto (preeminencia del rock instrumental y proyecciones visuales) para adentrarse, ya como AT y con El lejano oyente (Estoescasa 2009), por los nuevos senderos de exploración sonora que continúan hasta hoy. En estos seis años de existencia han recorrido de forma infatigable toda la geografía española (islas incluidas), amén de incursiones en Francia, Italia y Alemania, y han participado en numerosos festivales como, entre otros, Popkomm (Berlín), Primavera Sound (Madrid y Barcelona), Canela Party (Málaga), Loop Festival (Granada), Fun Fest (San Viçens) o Carmencita Festival (Veguellina de Órbigo). El grupo no ha crecido solo: al abrigo de sus plataformas autogestionadas (primero Estoescasa y en la actualidad Récords del Mundo) han nacido también los proyectos paralelos Incendios (El cuerpo humano, Estoescasa 2013) y Paracaídas. Esta hiperactividad creativa y el compromiso que conlleva sostenerla en el tiempo dan pistas sobre la energía que alimenta la máquina sunamita. La intensidad mancomunada de sus directos, contundentes y festivos, sigue siendo, con todo, la principal seña de identidad de AT. Es lo que tiene llevar una década tocando juntos.

 

Que le corten la cabeza es un rotundo despliegue de intensidad eléctrica y rítmica en ocho canciones redondas. Suena potente, crudo y empastado y hace justicia al directo del grupo (una cuenta pendiente previa). 'Marisol', en un sampler de la película 'Tómbola', es la encargada de dar el pistoletazo de salida al festival de guitarras y sintes cruzados (Iñaki y Dave) que brillan en el primer tramo del disco, en el que AT se acercan por vez primera a estructuras más convencionales de canción con 'Marisol', 'Deixis para perros' (aquí es Philip Larkin el que se cuela desde el más allá para recitar sus versos) y, sobre todo, el single 'Casi nunca', demostrando un talento para facturar estribillos contundentes y memorables que hasta ahora solo habían explotado en 'Irina no sabe que es un robot' (El lejano oyente). Voz y letras (Álvaro) suenan afianzadas y cargadas de intención. La delicadeza ensoñada y melancólica de la electrónica 'Cables' y su formidable ascenso final insuflan aire a una primera mitad del disco lanzada que culmina con los punteos meridionales y el emotivo crescendo (sentido homenaje a un tiempo privado y popular) de 'Llamas en llamas', la canción más luminosa y festiva del álbum. La espacial 'La casa encendida' (donde se cuela una guitarra de Manuel Cabezalí) y su coda noise inauguran una segunda mitad más oscura, oblicua y profunda, en la que se hace aún más manifiesta una de las claves del disco: la solidez y la originalidad de la base rítmica que arman en todo momento Aarón (batería) y Miguel (bajos), algo especialmente reseñable en la canción que da título al disco y de cuya letra surgen también las jirafas que arden en portada. En ella, AT recuperan los desarrollos instrumentales complejos característicos de su etapa anterior para lanzarse por una obsesiva pendiente rítmica que sostiene la atención del oyente de principio a fin. La cadencia dub de La receta infalible, el segundo de los cortes electrónicos (dedicado a un imaginario muestrario de risas de seres queridos), sirve de emocionante despedida a un disco agresivo, tierno y valiente.

 

AT vuelven a superarse y firman con Silencio en la retaguardia su mejor  disco (el tercero) hasta la fecha, una formidable colección de canciones que llevan aún más lejos los presupuestos del brillante Que le corten la cabeza (RDM 2014).  El exilio ultramarino de Álvaro durante dos años les privó de girar su anterior referencia como merecía, pero produjo una acumulación de energía, ideas y ganas de revancha que han cristalizado en 9 canciones esbozadas en apenas tres meses y completadas y grabadas durante la Semana Santa de 2016 con Raúl Pérez, de nuevo en La Mina (Sevilla), y mezcladas y masterizadas con mimo por Manuel Cabezalí (quien se ha encargado también de algún recording posterior). El grupo no dudó un segundo en repetir con los mismos guardaespaldas técnicos y el resultado no podía haber sido mejor. 

 

La fluidez y la celeridad inédita del proceso son perceptibles en unas composiciones que suenan a un tiempo frescas y maduras, que ganan en luz e inmediatez, pero que siguen asumiendo riesgos con un desparpajo marca de la casa. Hay algo en la particular mezcla de visceralidad, lirismo y humor de AT, en cómo conjugan la intensidad rítmica y los desarrollos complejos con el instinto melódico, que les ha ido haciendo acreedores de un espacio y un estilo propios, en el que explotan a su manera una paleta de recursos cada vez más amplia y difícil de encasillar, alérgica a la inercia.

 

El resultado es un trabajo poliédrico e intenso, complejo y disfrutable a partes iguales, y en el que lo musical y lo narrativo (los textos) se imbrican con fuerza. Algo que responde también al interés del grupo por artistas y producciones de diferentes épocas que se abstienen de la fidelidad a un concepto o fórmula y de su explotación reiterada explorar territorios y sonidos diferentes en cada canción. 

 

Esta riqueza de ángulos en música y letras se construye sobre el contundente armazón rítmico de Aarón (batería) y Miguel (bajo) y el festival de guitarras cruzadas y sintes a cargo de David, Iñaki y Álvaro. La intensidad rítmica se despliega en desarrollos poderosos y diáfanos en cortes como el que abre el disco, “Hoy es un buen día para morir”, o la autopista interior que asciende al cielo en “Senderos luminosos”, y se concentra para hacerse bailable en “El algoritmo de la noche” o “Canarios universitarios” (rescate de una antiquísima demo de la prehistoria del grupo). El elemento narrativo, por su parte, cobra especial fuerza en canciones como “La masía del más allá”, o la magnífica “Hagamos un circo con animales del pasado” , en la que un paisaje instrumental crece y se encrespa en un diálogo de bajo y guitarra para desembocar en uno de los pasajes más melódicos del disco.

 

 

 

 

Discos

 

 

 

 

Videos